EL SALVAJE EN EL ESPEJO ROGER BARTRA PDF

El mito del hombre salvaje proviene de un estereotipo que arraig en la literatura y el arte europeos desde el siglo XII, y que cristaliz en un tema preciso fcilmente reconocible. Sin embargo, este mito desborda con creces los lmites del medioevo; si examinamos con cuidado el tema, descubrimos un hilo mtico que atraviesa milenios y que se entreteje con los grandes problemas de la cultura occidental. Esta extraordinaria continuidad ofrece singulares problemas metodolgicos para comprender las races del mito y su larga evolucin; al mismo tiempo, nos ofrece una gran oportunidad para explorar ampliamente las condiciones y procesos que han auspiciado el surgimiento de la idea y la praxis de civilizacin, tan estrechamente vinculada a la identidad de la cultura occidental. El hombre llamado civilizado no ha dado un solo paso sin ir acompaado de su sombra, el salvaje. Es un hecho ampliamente reconocido que la identidad del civilizado ha estado siempre flanqueada por la imagen del Otro; pero se ha credo que la imaginera del Otro como ser salvaje y brbaro ms o menos distorsionado de las poblaciones no occidentales es una expresin eurocentrista de la expansin colonial que elaboraba una versin extica y racista de los hombres que encontraban y sometan los conquistadores y colonizadores. Yo pienso, por el contrario, que la cultura europea gener una idea del hombre salvaje mucho antes de la gran expansin colonial, idea modelada en forma independiente del contacto con grupos humanos extraos de otros continentes.

Author:Mooguk Kalmaran
Country:Ukraine
Language:English (Spanish)
Genre:Education
Published (Last):28 May 2018
Pages:142
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La cuna agreste, 15 II. La naturaleza vaca, El adivino y el santo en el bosque encantado, 60 IV. Etnografa del salvaje medieval, 81 V. La gesta del salvaje, VI. La ciencia de los silfos, VII. Aunque parecen simples comparsas en el gran teatro de la conquista, al detenernos a estudiarlos descubrimos que son portadores de una inmensa carga simblica. Es posible que sean tambin los guardianes de antiguas claves que nos ayuden a entender la identidad de la llamada cultura occidental.

Estos seres misteriosos hicieron su entrada espectacu lar en el corazn mismo de la gran ciudad de Tenochtitln donde se extenda la orgullosa plaza mayor de Mxico sobre las ruinas de los templos aztecas pocos aos despus de haber sido conquistada por los espaoles.

Cuando en dos ambiciosos monarcas europeos el emperador Carlos V y Francisco I de Fran cia firmaron por fin la paz, despus de muchos aos de sangrientas guerras, el virrey de Mxico y los conquistadores decidieron engalanar la plaza mayor con los regocijos de una gran fiesta.

Los representantes de la vieja y civilizada Europa realizaron unos festejos cuyo extrao simbolismo no puede menos que sorpren dernos: en medio de la gran polis representaron, ante los sin duda admirados ojos de los nahuas conquistados, el maravilloso espectculo del salvajismo occidental. El primer da de la magnfica fiesta, segn cuenta el cronista Bernal Daz del Castillo, "amaneci hecho un bosque en la plaza mayor de Mxico, con tanta diversidad de rboles, tan natural como si all hubieran nacido".

El bosque artificial de la imaginacin europea se implantaba, como en un sueo, en la ciudad conquistada. Era como un encantamiento: Haba en medio unos rboles como que estaban cados de viejos y podridos, y otros llenos de moho, con unas yerbecitas que parece que crecan de ellos Y dentro en el bosque haba muchos venados, y conejos, y liebres, y zorros, y adives, y muchos gneros de alimaas chicas de las que hay en esta tierra, y dos leoncillos y cuatro tigres pequeos Aunque fue el ingenio de los salvajes mexicanos el que 1.

Historia verdadera de la conquista de la Nueva Espaa, p. Otros extraos salvajes deban suplantar a los recin descubiertos y conquistados indios: Y haba otras arboledas muy espesas algo apartadas del bosque, y en cada una de ellas un escuadrn de salvajes con sus garrotes anudados y retuertos, y otros salvajes con arcos y flechas; y vanse a la caza Una representacin de dos de ellos puede verse todava hoy en la fachada plateresca de la casa de Montejo, en Mrida, Yucatn.

A todas luces no son una imagen de los indgenas americanos: son autnticamente europeos, originarios del Viejo Mundo. Son hom bres barbados desnudos, con el cuerpo profusamente cubierto de vello, armados de unos garrotes similares a los bastos del antiguo juego de naipes. Qu hacan estos salvajes europeos en la tierra de los salvajes americanos? Por qu los con quistadores europeos llegaron acompaados de un hombre salvaje?

En este libro me propongo investigar la identidad del hombre salvaje europeo. Los medievalistas saben muy bien que se trata de un estereotipo que arraig en la literatura y el arte europeos desde el siglo xn, y que cristaliz en un tema preciso fcilmente reconocible. Sin embargo, el mito del homo sylvestris desborda con creces los lmites del medioevo; si examinamos con cuidado el tema, descubrimos un hilo mtico que atraviesa milenios y que se entreteje con los grandes problemas de la cultura occidental.

Lo verdaderamente fascinante del mito del hombre salva je es que se extiende durante un largusimo periodo de la historia, desde su antiqusima encarnacin en el Enkidu babilnico hasta nuestros das.

Esta extraordinaria continuidad ofrece singulares problemas metodolgicos pa ra comprender las races del mito y su larga evolucin; al mismo tiempo, nos ofrece una gran oportunidad para explorar ampliamente las condiciones y proce sos que han auspiciado el surgimiento de la idea y la praxis de civizacin, tan estrechamente vinculada a la identidad de la cultura occidental.

El hombre llama do civilizado no ha dado un solo paso sin ir acompaado de su sombra, el salvaje. Es un hecho ampliamente reconocido que la identidad del civilizado ha estado siempre flanqueada por la imagen del Otro; pero se ha credo que la imaginera del Otro como ser salvaje y brbaro contrapuesto al hombre occidental ha sido un reflejo ms o menos distorsionado de las poblaciones no occidentales, una expresin eurocentrista de la expansin colonial que elaboraba una versin exca y racista de los hombres que encontraban y sometan los conquistadores y colonizadores.

Yo pretendo, por el contrario, demostrar que la cultura europea gener una idea del hombre salvaje mucho antes de la gran expansin colonial, idea modelada en forma independiente del contacto con grupos humanos extra3. Un hombre salvaje armado de su garrote contempla las razas monstruosas de Etiopa, dibujadas de acuerdo a las clsicas descripciones de Plinio. En Amrica dos salvajes barbados, con ramas floridas en las manos, sostienen el escudo imperial de Carlos V.

Capilla Real de Tlaxcala. Rubio, blanco y barbado, este hombre salvaje amenaza al mundo con su garrote desde lo alto de un inocente aguamanil alemn del ao Quiero, adems, demostrar que los hombres salvajes son una invencin europea que obedece esencialmente a la naturaleza interna de la cultura occidental. Dicho en forma abrupta: el salvaje es un hombre europeo, y la nocin de salvajismo fue aplicada a pueblos no europeos como una transposicin de un mito perfectamente estructurado cuya naturaleza slo se puede entender como parte de la evolucin de la cultura occidental.

El mito del hombre salvaje es un ingrediente original y fundamental de la cultura europea. Estoy convencido de que la falta de una cabal comprensin de la historia precolombina del hombre salvaje europeo puede oscurecer considerablemente nuestra visin de la conciencia colonialista y de las imgenes occidentales sobre los habitantes del Nuevo Mundo. Como antroplogo estoy interesado tanto en el anlisis de los mitos como en el estudio de los llamados grupos primitivos.

Al tratar de descifrar la identidad de estos salvajes trados por los conquistadores europeos, se me ofrece la preciosa oportunidad de aunar mis intereses para estudiar al hombre salvaje como mito; y para mayor deleite tengo la posibilidad de estudiar la historia y la etnografa de este mito en el contexto de la cultura que ha creado la nocin moderna de civiliza cin, la cultura occidental. Mi primera impresin, al observar a los salvajes euro peos que llegaron a Amrica, fue que esos rudos conquistadores haban trado su propio salvaje para evitar que su ego se disolviera en la extraordinaria otredad que estaban descubriendo.

Pareca como si los europeos tuviesen que templar las cuerdas de su identidad al recordar que el Otro su alter ego siempre ha existido, y con ello evitar caer en el remolino de la autntica otredad que los rodeaba.

El simulacro, el teatro y el juego del salvajismo de un salvajismo artificial evitaba que se contaminasen del salvajismo real y les preservaba su identidad como hombres occidentales civilizados.

Los salvajes representados en la portada de la casa de Montejo en Mrida han sido llamados "indios lanudos" por Manuel Toussaint, con lo que introduce una gran confusin al implicar que eran una representacin curiosa de los habitantes del Nuevo Mundo. A pesar de que se percata de que se trata de un elemento gtico medieval incrustado en un contexto plateresco y de que son similares a los hombres salvajes que adornan la portada del Colegio de San Gregorio en Valladolid, Toussaint desconoce la tradicin iconogrfica del salvaje europeo "La casa del adelantado Don Francisco de Montejo en Mrida de Yucatn", pp.

Los salvajes de la portada de San Gregorio fueron realizados por Simn de Colonia en el ltimo decenio del siglo xv y son parte de la larga tradicin europea, no un reflejo de las razas exticas de mundos lejanos Jos Mara de Azcrate, "El tema iconogrfico del salvaje".

Tan fuerte era el estereotipo del hombre salvaje europeo que hasta en la edicin de del Dictionnaire universel de Antoine Furetire se describe a las americanos, que son lampios, como seres peludos: "Sauvage, se dit aussi des hommes errants, qui sont sans habitations regles, sans Religin, sans Loy, sans Plice. La plus part des Sauvages vont nuds, et sont velus, couverts de poM". Alcides Reissner, El indio en los diccionarios. Exgesis lxica de un estereotipo, p. Igualmente Luis Weckmann La herencia medieval de Mxico, ; i i se refiere al homo sylvestris.

Como etnlogo me interes en sus ritos y costumbres, en su lengua y sus creencias, en su historia y su economa. Con asombro e ingenuidad me percat de que estaba asistiendo a la creacin misma de la nocin del Otro, que me estaba baando en las fuentes primordiales de la idea occidental de otredad, tan ntimamente conectadas al nacimiento de la vida civilizada. El mito del hom bre salvaje, de profundas races populares y apoyado en una larga tradicin oral, creci en gran medida al margen de las teologas hegemnicas y no fue sino hasta el Renacimiento que comenz a expandirse en los territorios de la cultura culta.

En este ensayo he querido hilvanar una serie de reflexiones sobre el desenvolvimien to de este mito, desde su florecimiento en la Grecia clsica hasta la Espaa cervan tina. Como siempre ocurre, el estudio de los hombres salvajes nos dice ms sobre nuestra civilizacin que sobre la escurridiza presencia en la historia de estos extraos seres. Del texto de Fercrates slo han sobrevivido fragmen tos, algunos de los cuales formaron parte de una obra estrenada en ocasin dp las fiestas leneas del ao aG.

Los fragmentos que quedan de esta obra no nos permiten saber si los salvajes entre los cuales buscan refugio los atenienses son alguna tribu brbara de la periferia del mundo griego o bien algn grupo escapado de la rica etnografa mitolgica que pobl de seres salvajes el pensamiento de los antiguos griegos. Esta comedia debe ubicarse en el contexto de la trgica crisis que viva la ciudad democrtica de Perides a fines del siglo v a. C Al hacer una stira de aquellos que quieren retomar a la naturaleza, Fercrates defenda la polis democrtica: en efecto, la cmica experiencia d e los misntropos atenienses termina en un gran fracaso que permite pensar, como dice Platn, que aun el ms injusto de los hombres que han sido educados en la ley aparece como un justo frente al salvaje que no conoce ni paideia.

No quiero detenerme en este hecho, que ha sido profusamente docu mentado. Platn, Protgoras c. Peroro ms significativo CAMpara el presente estudio es la inexistencia de un vocablo griego precisoy rimeo para referirse a la idea de civilizacin palabra de origen latino , como ha sealado Jacqueline de Romilly. Efectivamente, los antiguos griegos tambin definieron, en el interior de su mun do, una gran variedad de seres salvajs humanos y semihumanos que contri buyeron tanto como sus ideas fantsticas sobre los brbaros a trazar el contorno de Ja razn griega.

De hecho, la formacin de la idea de salvajismo corre paralela si no es que se anticipa al contacto real con los brbaros, es decir con los pueblos no griegos. Muy acertadamente Cocchiara dice que "antes de ser descubierto el salvaje tuvo que ser inventado". Un fragmento atribuido a Hipcrates que fue contemporneo de Fercrates asigna a los habitantes de Europa un carcter "salvaje, insociable y colri co" debido al clima rudo y poco propicio a la agricultura; en cambio, los pueblos de Asia son "pusilnimes, sin nimo, menos belicosos" y de un natural "ms suave y de un espritu ms penetrante".

Los griegos, que segn Aristteles no eran ni asiticos ni europeos, pero que reunan las cualidades de ambos pueblos,5 eran conscientes de que formaban parte de la unidad biolgica humana y eran capaces de reconocer casi siempre en las nubes de la mitologa la presen cia en su propia cultura de los elementos salvajes o extraos que solan atribuir a otros pueblos, a las tribus germnicas, los etopes, los escitas o los persas. As, el mito de la Edad de Oro es la iS imagen de una poca, bajo el reinado de Cronos, en la que la tierra prodigaba sin 3.

Cocchiara, II mito del buon selvaggio, p. Citado por T. Aristteles en la Poltica desarrolla esta idea: "Los pueblos que habitan los pases fros y diversas partes de Europa son generalmente muy valientes, pero son inferiores en inteligencia e industria. Es por esta razn que saben conservar mejor su libertad, pero son incapaces de organizar un gobierno y de conquistar a sus vecinos. Los pueblos de Asia son inteligentes e industriosos, pero les falta nimo, y es por ello que permanecen sujetos al yugo de una esclavitud perpetua.

La raza griega, que geogrfica mente ocupa un lugar intermedio, rene las cualidades de ambos, tiene valor y es inteligente. Permanece as libre y constituye buenos gobiernos, y seria capaz, si formase un solo Estado, de someter a todas las naciones" libro vi], captulo vd: b, Vase tambin Platn, La repblica, iv, ea.

Un centauro, el ms amenazador de los agrioi salvajes , carga en su espalda una roca. Figura en rojo del interior de una copa ateniense firmada por Fintias circa a. Tenemos asimismo, entre los centauros, que eran la encamacin del salvajismo y la bestialidad, al famoso Quirn, sabio hijo de Cronos que aprendi de Apolo y de Artemisa las artes.

De sabios y bestias: los centauros Es muy probable que sea entre los centauros donde se refugian los misntropos de animales. Eran una tribu que viva en los bosques o en las montaas de Elis. Casi siempre seres masculinos, los centauros eran a veces pintados con genitales al mismo tiempo humanos entre las piernas delanteras v. Los centauros eran seres extraordi6.

Hesodo, Los trabajos y los das, , pp. Vase F. Es de inters la interpretacin estmcturalista del mito hesidico de Jean-Pierre Vemant en Mythe et soniti en C r ia ancienne. No hay pruebas filolgicas en ningn sentido. En una ocasin el rey de los lpitas, Pirtoo, los invit a su boda, en donde " el vino ofusc su razn"; un centauro Euritin intent violar a as mujeres lpitas, porJo que fue expulsado despus de cortarle orejas y nariz.

Por ello se inici una famosa batalla entre lpitas y centauros, en la que al final stos fueron derrotados. En la versin romana de esta mtica batalla, escrita por Ovidio, aparece un rasgo innovador: la bellsima y amorosa mujer centauro, Hilonome, compaera de Claro durante su trgico en frentamiento con los lpitas.

A diferencia del brbaro, que constitua una amenaza a la sociedad en general y a la civilizacin griega en su conjunto, el hamhifi-saJyiij. Odisea xxiss; Metamorfosis Sobre los centauros vase Paul V. Vase T. Long, op. Boas y a A. Hayden White, "The forms of wildeness", p.

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